Caja de donación llena de ropa de colores
Orden en casa

Cómo hacer decluttering en casa empezando por un cajón

Hacer decluttering es decidir qué te quedas y qué no. Para empezar, te basta con un cajón.

Hacer decluttering suena a palabra de revista, pero en el fondo es muy sencillo, porque se trata de sacar de casa lo que sobra. Y seguro que tienes en casa algo que no necesitas, aunque sea una caja de cables que nadie sabe de qué son.

Entender la idea es fácil, pero ponerse cuesta más, porque deshacerte de cosas incomoda y cada objeto trae su excusa. Que si me lo regalaron, que si igual lo uso algún día, que si me costó mucho dinero.

Por qué cuesta tanto deshacerse de las cosas

Declutter, en inglés, es quitar desorden. En casa consiste en revisar lo que tienes, decidir qué te quedas y dar salida al resto. Ordenar mueve las cosas de sitio, y el decluttering busca que al final tengas menos.

Cuesta porque decides con la emoción por delante. Lo que guardas por si acaso te tranquiliza y el regalo de la tía te hace sentir culpable. La ropa cara que nunca te pones te recuerda que te equivocaste al comprarla. Deshacerte de algo es aceptar un pequeño error, y a nadie le gusta.

Caja de donación llena de ropa de colores
Una caja de donación a la vista. Todo lo que entre ahí ya no ocupa espacio en casa. Foto: Pexels.

Tres decisiones antes de empezar

  • Cuánto tiempo le dedicas. Te irá mejor con sesiones cortas de una hora que con una maratón de ocho, porque te cansas menos y decides mejor.
  • Qué zona tocas. Un cajón, una balda o un armario cada vez, porque si abres toda la casa a la vez te vas a agobiar.
  • Dónde irá lo que no te quedas. Ten a mano bolsas y cajas para vender, donar, reciclar y tirar, porque si lo que descartas no tiene destino, el montón acaba volviendo a su sitio.

Cómo revisar una zona de la casa

  1. Sácalo todo de la zona que vayas a revisar y ponlo a la vista.
  2. Limpia el hueco que ha quedado, que es de lo más satisfactorio del proceso.
  3. Coge cada cosa y pregúntate si la has usado en el último año, si funciona y si la comprarías hoy.
  4. Lo que pasa la prueba vuelve a su sitio, ya ordenado.
  5. Lo que no la pasa va a una de las cuatro cajas, la de vender, la de donar, la de reciclar o la de tirar.
  6. Y lo que te genere dudas va a la caja de espera.

Ponle una fecha a la caja de espera, tres meses por ejemplo. Guárdala en un sitio poco accesible, y si en ese tiempo no la has abierto, es que no la necesitas, así que mándala a su destino sin mirar dentro.

Cinco preguntas para decidir con cada objeto

PreguntaPara qué sirve
¿La uso o la voy a usar?Descarta lo que guardas «por si acaso».
¿Tengo otra igual o parecida?Detecta duplicados.
¿Me lo quedaría si hoy lo viera en una tienda?Corta el apego por haberlo pagado.
¿Merece el espacio que ocupa?Pone el metro cuadrado en valor.
¿Alguien la usaría mejor que yo?Ayuda a donar sin culpa.
Cinco preguntas que sirven para casi cualquier objeto.
Caja cerrada y cubierta de polvo
¿La uso?
Dos tazas idénticas una al lado de la otra
¿Tengo otra?
Escaparate de una tienda con una etiqueta de precio
¿La compraría hoy?
Cinta métrica enrollada junto a un cubo
¿Merece el espacio?
Caja de regalo con un lazo
¿Alguien la usaría mejor?

Empieza por lo que menos duele

No hay un orden perfecto, pero ayuda ir de lo que menos duele a lo que más cuesta, por ejemplo en este orden:

  • Papeles y correo. Casi todo sobra y no tiene carga emocional.
  • Baño y botiquín. Hay que tirar lo caducado y los botes vacíos, y es una decisión fácil.
  • Cocina. Suelen sobrar los duplicados, los utensilios rotos y los tápers que se han quedado sin tapa.
  • Ropa. Lleva más tiempo, pero el cambio se nota en cuanto abres el armario.
  • Libros, juguetes y recuerdos. Déjalos para el final, porque es lo que más tiempo lleva.

Si prefieres ir estancia por estancia, tienes un plan en organizar la casa por habitaciones, y si te atrae la versión más estricta, por categorías, echa un vistazo al método KonMari.

Qué hacer con los objetos que descartas

Aquí es donde suele atascarse el proceso. Haces la selección, llenas el salón de bolsas y pasa un mes sin que nadie las mueva, así que mejor tener claro el destino desde el principio.

Vender

Si tiene valor, lo habitual es venderlo en plataformas como Wallapop, Vinted o eBay, y cada una va mejor con unas cosas que con otras, como se explica en dónde vender cosas de segunda mano. Ponte una fecha límite, porque lo que no se venda en dos semanas se dona.

Donar

La ropa en buen estado, el menaje, los libros, los juguetes y los muebles se pueden llevar a entidades sociales o a tiendas solidarias, y lo mejor es llamar antes para saber qué admiten y si pasan a recogerlos. La ropa en mal estado puede ir al contenedor textil.

Reciclar y tirar

Los electrónicos, las pilas y las bombillas se llevan al punto limpio. Los medicamentos caducados van al punto SIGRE de cualquier farmacia, como indica SIGRE. Los muebles viejos se pueden entregar al servicio municipal de recogida, con cita previa, o llevarlos al punto limpio, y los papeles van al contenedor azul.

Persona ordenando ropa sobre la cama en un dormitorio luminoso
Seleccionar sobre la cama es útil porque queda todo a la vista y a mano. Foto: Pexels.

Cuando son muchas cosas o muy grandes

A veces el decluttering deja ver que el problema es de volumen, por ejemplo en una casa llena de muebles heredados, con un trastero a reventar o con un piso que hay que dejar en poco tiempo. En esos casos te vendrá bien saber cuánto cuesta que lo haga otra persona. Las cifras las tienes en cuánto cuesta vaciar un piso y una visión de conjunto en vaciado de pisos y segunda mano.

Y para lo que quieres conservar pero no necesitas en casa, un trastero puede ayudarte, siempre que sepas qué metes en él. Antes de alquilar uno, repasa qué guardar en un trastero.

Cómo evitar que vuelva a llenarse

  • Por cada cosa que entra en casa, sale una.
  • Espera 48 horas antes de las compras no esenciales.
  • Revisa los armarios y los cajones en cada cambio de temporada.
  • Dile a tu familia qué cosas no quieres que te regalen. Con cariño, pero díselo.
  • Deja una caja de donación a mano y siempre abierta, para ir metiendo en ella lo que te sobre.

Lo que más se nota después de sacar cosas de casa no es el espacio, sino el rato que dejas de pasar buscándolas.

Los regalos y los recuerdos

Los regalos y los recuerdos son los dos grandes atascos. Un regalo no tiene por qué obligarte a quedártelo de por vida, porque la intención ya la agradeciste cuando lo recibiste y lo que hagas después con el objeto es cosa tuya. Si no lo usas, dáselo a alguien que sí lo vaya a usar y ahórrate la culpa.

Con los recuerdos hay que andarse con más tacto. Fotografía lo que quieras conservar sin necesidad de guardarlo físicamente, como el dibujo de un hijo, el cartel de un concierto o una carta antigua. Luego reserva una sola caja de recuerdos por persona, de manera que, cuando se llene, tengas que decidir qué se queda para que pueda entrar algo nuevo.

Si lo que hay detrás es una herencia o la casa de alguien que ya no está, ve con más calma y con compañía. No hay ninguna prisa por decidir lo que duele, y en esos casos el decluttering puede esperar.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el decluttering?

Es quitar de casa lo que sobra, es decir, revisar lo que tienes, decidir qué te quedas y dar salida al resto.

¿Por dónde empiezo?

Empieza por una zona pequeña y sin carga emocional, como los papeles o el botiquín.

¿Cuántas cosas debería tirar?

No hay una cifra mágica. Lo que te quedes tiene que tener su sitio y usarse.

¿Qué hago con lo que dudo?

Guárdalo en una caja de espera con fecha. Si en tres meses no la has abierto, ya puedes darle salida.

¿Cómo evito arrepentirme?

Usa la caja de espera y deja lo sentimental para el final. De los cables sin dueño, en cambio, casi nadie se acuerda.

No hace falta esperar al fin de semana ni a tener ganas, porque con un cajón y diez minutos ya tienes un primer resultado.

Consejos basados en prácticas habituales de organización doméstica.

José A. López

Fui gerente de varios espacios de alquiler de trasteros, así que he visto de todo: bicicletas estáticas sin estrenar, colecciones de latas «con mucho valor sentimental» y algún sofá que lleva allí más tiempo que mi paciencia. Antes regenté un mercadillo de segunda mano, donde aprendí que casi todo se vende si no lo llamas «trasto». Ahora escribo en Recoloca lo que me habría gustado saber entonces.